Muchos agricultores, en busca de tener cosechas más abundantes, utilizan un tipo de semilla que ha sido modificada genéticamente a fin de tener unas propiedades que la planta original no tendría.

Por ejemplo, se crean variedades que son más productivas, que resisten mejor determinadas plagas, resistentes a herbicidas,… de esta manera, una misma planta de maíz puede tener una variedad que produzca más hojas (si es para alimentar a los animales) o más frutos (si es para consumo), según las necesidades del agricultor.

El cultivo del algodón, de la soja y del maíz son los que se benefician más de este tipo de semillas. En el mapa siguiente podemos ver las hectáreas que dedica cada país al cultivo de estas especies. Como se puede observar, la Unión Europea tiene una legislación bastante restrictiva en este sentido; únicamente el 32% del maíz que cultiva España se produce de esta manera, siendo el mayor productor de la UE.

transgenicos en el mundo

Fuente: http://elpais.com/elpais/2013/06/02/media/1370175074_380264.html

Las ventajas de estos cultivos son obvias: mayor productividad, mayor resistencia de las plantas frente a plagas, mayor adaptación a medios que no son los habituales,… pero también se debe tener en cuenta que el hecho de modificar genéticamente las semillas puede dar lugar a variaciones que provoquen alergias. Además, se pierde biodiversidad, se aumenta el nivel de tóxicos en la agricultura y las plantas desarrollan resistencia a los insecticidas.

En este tipo de cultivos también se pueden aplicar sistemas de riego inteligentes para aumentar aún más la producción. En el artículo que publicamos sobre la versión agro de Intelliwater tenéis más información.

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